HISTORIA DE TETECALA

Breve Historia de Tetecala de la Reforma.

Periodo Prehispánico…

En el territorio donde está ubicada la población de Tetecala, se han encontrado vestigios de asentamientos humanos prehispánicos (olmecas, chichimecas y principalmente del periodo post-clásico en estilo tlahuica). Año aproximado 1197. 

Aunque en dichos periodos, Tetecala como población importante, aún no existía; es evidente que siempre hubo aquí asentamientos de diversas envergaduras y que era lugar importante de paso entre los señoríos de Coatlán y Mazatepec. 

Periodo de La Colonia

En el mapa que da nota de los pueblos que conformaban el señorío de Cuauhnáhuac (1519), no aparece la población; por lo que se infiere que la fundación de Tetecala ocurrió en las fechas posteriores a la conquista y antes de 1583. 

Para 1594 Tetecala ya era considerada parte importante por su capacidad agrícola, además del impacto del catolicismo en la población; del marquesado del valle de Oaxaca, su nombre en ese tiempo fue “San Francisco Tetecala”

El terreno en el que se ubica el asentamiento era considerada “la más frondosa que hay en la jurisdicción de Cuernavaca”. Por las características físicas de su entorno, Tetecala fue calificado por viajeros y cronistas de los siglos XVII y XVIII como un lugar “muy ameno y divertido”. 

Hacia 1746, Tetecala y los pueblos sujetos a su administración civil y eclesiástica sumaban un total de 266 familias de “indios” y 32 de “españoles y mestizos”, así como algunas de “mulatos”.

Ocho décadas después, la población se había incrementado a 4,040 habitantes que se distribuían en la cabecera del municipio, cinco haciendas y diez ranchos. Por ordenanza Real del 4 de diciembre de 1786 el Municipio de Tetecala correspondía al Estado de México. 

Periodo de La Independencia

Durante los once años de la guerra de Independencia, Tetecala se constituyó en lugar obligado de paso de las tropas independentistas e importante semillero de insurrectos.

Las tropas insurgentes incursionaron a Tetecala desde el sur (en el territorio del actual Estado de Guerrero), o buscaban el refugio de la sierra tras los enfrentamientos con los enemigos del ejército Realista. Este punto era uno de los accesos a los dominios de José María Morelos y Pavón en la parte meridional de la intendencia de México.

En poco menos de un siglo la población de la región de Tetecala apenas se había duplicado, y era inferior a la de cualquier municipalidad del distrito de Cuernavaca, habiendo crecido a una tasa promedio de 25 habitantes por año entre 1746 y 1826. 

-En medio de esta conflagración, y dos años antes de concluir el movimiento de Independencia, en 1819 los tetecalenses enfrentaron el intento de ser despojados de sus tierras comunales por un clérigo conservador. 

-A principios de 1848 los campesinos de Tetecala, Miacatlán y Xochitepec, realizaron violentas acciones contra los hacendados de la región, con mira de recuperar las tierras comunales de las que se habían apropiado las haciendas.
El Teniente Manuel Arellano, de las tropas de Juan Álvarez había apoyado la lucha de los campesinos, y los hacendados pidieron ayuda a las tropas norteamericanas de la brigada Kad Waleder, que desde a fines de 1847 había invadido la región. 

Periodo de La Reforma
Los tetecalenses, combatieron contra el régimen de Santa Anna los días 21, 22 y 23 de septiembre, hasta que (según versión), el 14 de enero de 1857, Tetecala dio hospitalidad a los señores licenciados Benito Juárez García, los hermanos Lerdo de Tejada, Ignacio Manuel Altamirano, Ignacio Ramírez “El Nigromante”, Guillermo Prieto, Manuel Doblado, José María Iglesias y otros, los que se alojaron en la antigua casa que perteneció al señor Magdaleno Medina.

De las pláticas habidas en este lugar se dieron a la tarea de acrivolar las leyes de Reforma de 1857 y crearon la logia masónica “La Palanca”.

El presidente Juárez decretó el 15 de Abril de 1869 crear el Estado de Morelos incluyendo al Distrito de Tetecala como parte de él.

Periodo de La Revolución

En el tercer decenio del siglo XIX Tetecala era una plaza comercial importante por “venta de caña (de azúcar), plátano, huacamote, jícama, ciruela, sandía, mamey, maíz y frijol”, todos estos productos cultivados por los lugareños.

A principios de 1900, la ciudad que, aunque había sido fundada hacía muy poco, en relación con los poblados vecinos; se había convertido, en menos de 300 años en un centro de riqueza y refinamiento, de lo que da fe la espléndida arquitectura de las casonas de su centro histórico que contrastan con la arquitectura tradicional de la región.

El 11 de diciembre de 1873, se erigió en ciudad la Villa de Tetecala perteneciente al distrito que lleva su nombre y en lo sucesivo se le denominará Tetecala de la Reforma.

Las familias que no huyeron del estado y que tampoco se integraron a la lucha revolucionaria tuvieron que padecer las atrocidades cometidas por la diversidad de grupos armados, tanto gubernamentales como rebeldes y otros sin afiliación que utilizaban la revuelta para cometer todo tipo de abusos.

HISTORIA DE HACIENDA LA LUZ

Hacienda La Luz Durante el Porfiriato

Como lo había venido siendo desde la colonia, el área ocupada por los pueblos del distrito de Tetecala continuó como una zona marginal durante el porfiriato en relación con las zonas centro y norte del estado. El grupo de haciendas menores seguía dando su especificidad a la zona poniente, característica a la que ahora se agregaba la carencia de una infraestructura hidráulica y su exclusión del sistema ferroviario morelense.

Las haciendas de la zona sur y poniente del Estado carecieron de una estructura de riego eficiente, algunas incluso celebraban con los ayuntamientos contratos para arrendar determinada cantidad de líquido, como la Hacienda de La Luz en el municipio de Tetecala. 

De particular importancia para nuestra zona de estudio fue el cultivo de las huertas para la producción de frutas tropicales, destacándose en este sentido las haciendas de Cocoyotla, San Nicolás y San José Vista Hermosa, y en menores proporciones las haciendas de Cuauchichinola, Vista Alegre, La Luz y Actopan. Sin embargo, esta producción se destinaba principalmente al autoconsumo, por lo que no fue un elemento importante que incidiera sobre las relaciones laborales de las haciendas de la zona. No obstante, a pesar de los intentos con cultivos alternativos y de la importancia que estos pudieran tener para zonas muy específicas, la supremacía del azúcar como producto fundamental de la gestión económica de las haciendas nunca pudo ser cuestionada en el Estado. 

A finales de junio de 1885 algunos vecinos de la ciudad de Tetecala publicaron una carta en el semanario oficial agradeciendo al gobernador por el nombramiento del nuevo jefe político Rafael A. Ruiz. Este documento nos sirve como una guía para identificar a quienes integraban la élite local del municipio, entre los firmantes destacan Teófilo Martínez, presidente municipal de Tetecala, Manuel Arellano, ex miembro de la Guardia Nacional, Manuel Valdos, miembro de la familia propietaria de la Hacienda La Luz, Guadalupe Arellano, perito del juzgado de primera instancia de Tetecala, así como algunos miembros del pequeño grupo de familias que acapararían la mayor parte de la tierra hacia finales del porfiriato.

El Matrimonio de Lauro Arellano con Irene Valdos

La primera noticia que tenemos sobre Lauro Arellano Morales es que hacia 1900 fungía como contratista del transporte de correspondencias entre Tetecala y las poblaciones de Puente de Ixtla y Coatlán del Río. Sabemos que los padres de Lauro fueron Martín Arellano y Epigmenia Morales. 

Lo más probable es que fuera dueño de una buena cantidad de mulas y se dedicara a la arriaría y a la comercialización del arroz y que gracias a su actividad en el servicio postal logró relacionarse con varios políticos, comerciantes y pequeños empresarios de la zona, y hacerse de amigos que laboraban en el ferrocarril, aprovechando sus relaciones para colocar el arroz en la Ciudad de México. Consiguió por parte del Ayuntamiento de Tetecala la adjudicación de 15 hectáreas de agostadero, las cuales utilizaba para el pastoreo de su ganado mular y rentaba a otros agricultores para los mismos propósitos. Con el capital acumulado con sus actividades comerciales compró dos casas en Tetecala, la primera en 1901 a Ángel Reyes Ocampo, y la segunda, mucho más grande que la anterior, al prestigiado hacendado Manuel Sainz de la Peña, en 1903.

El ascenso social y económico de Lauro Arellano se daría a partir de su matrimonio en 1906 con Irene Valdos Fernández, hija de Manuel Valdos Cano y sobrina de María Obando Cano, dueña de la hacienda “La Luz”. Según algunos testimonios, Irene no fue criada por su madre Carlota Fernández, sino por sus tías Salomé y María O. Cano, ésta última al parecer no tuvo descendencia. Lo cierto es que al morir María O. Cano en 1901 le hereda la hacienda de “La Luz” a la joven Irene, así como algunas tierras de la vega de Tetecala y una casa en la misma población. 

El 15 de enero de 1906, en la parroquia de Tetecala, Lauro Arellano Morales, de treinta y tres años contrajo matrimonio con la joven quinceañera María Irene Valdos Fernández.

El autor François-Xavier Guerra ha destacado las alianzas matrimoniales como estrategias económicas y políticas recurrentes a todos los niveles durante el porfiriato. Éste es a todas luces el caso del matrimonio de Lauro Arellano, pero hay que indicar que los beneficios de esta unión fueron para ambas partes. Los hacendados de “La Luz” después de darle una buena educación a Irene se esmeraron por conseguirle un esposo adecuado para que juntando las propiedades de ambos pudiera gozar de una vida más cómoda, pero también para que supiera administrar correctamente sus propiedades, pues durante el porfiriato lo más común era que los padres o maridos administraran el capital femenino. 

Con este matrimonio Lauro Arellano había conseguido elevar su posición social, ahora era un pequeño hacendado emparentado con una de las familias de prestigio en la región, mejoró también su condición económica, pues quedaba a cargo de las cuantiosas tierras heredadas por su esposa. 

La Hacienda “La Luz” contaba con un total de 138 hectáreas, de las cuales 36 eran de riego, 9 eriales y 96 de agostadero y monte, así como 16 cabezas de ganado bovino y otras 20 de mular. Sabemos que la hacienda producía piloncillo y pequeñas cantidades de aguardiente, aunque no contamos con datos de producción. 

Los testimonios de las personas que lo conocieron describen a Lauro Arellano como un tipo serio y reservado, parco en el hablar, discreto en su vida pública y “muy apegado a la religión”. Con su esposa procreó seis hijos, el primogénito nacido en noviembre de 1906 llevó el mismo nombre de su padre, Lauro Jr. También refieren que en los días de raya comenzaba a pagarse en su domicilio a las cinco de la mañana, y que eran tantos los trabajadores que la fila daba la vuelta a la esquina de su casa que hacia las ocho de la noche sus secretarias todavía no terminaban de liquidar al último de ellos esta imagen es quizás la mejor muestra de la marcada diferenciación social de la población. Se dice que ocasionalmente con motivo de alguna fecha importante, como la navidad, regalaba a sus peones frutas y despensas, a los empleados de menor edad obsequiaba el día de reyes frutas, dulces y refrescos. También se menciona que prestaba a sus trabajadores en caso de alguna enfermedad, y que incluso a varios los mandaba directamente con el médico, pagando los gastos por su cuenta. Prestaba a los campesinos para poder sembrar sus parcelas y ayudaba a algunos ejidatarios comprometiéndose a comprarles toda la caña y arroz que produjeran. También establecía relaciones de compadrazgo con algunos de sus trabajadores más allegados, como con Víctor Tapia que fuera su administrador, o con José Nájera, quien en 1906 bautizó a uno de sus hijos con el nombre de Lauro. 

Sin embargo, es evidente que estas descripciones, a pesar de tener visos de realidad, adolecen de una fuerte mitificación del personaje. Lauro Arellano fue famoso por su afición a los negocios y a las mujeres, ya que procreó al menos cinco hijos fuera del matrimonio.